Dispuesto a olvidar, me decanto por un simulacro que me haga fuerte, aleje todo dolor.
En el camino del olvido, no está permitido la debilidad, me digo.
Empezaré por creer que al abrazar la almohada,
la almohada no tiene nombre.
Mi día a día se sumerge en escasez de palabras, empezaré por creer que:
«no tengo nada que decir».
Mi ahora me pilla perdido, adivinando su día:
«me perdí sin querer».
Ocupar todo mi tiempo, pretendiendo no anhelar sus caricias, vamos a decir que:
«funciona».
Evitar suspirar, evitar respirar:
buscar su olor.
Miradas vagas, perderse en el horizonte,
latidos autistas:
«no tienen dueño».
Reír, para no sollozar.

No poder renunciar a su evocación, hoy no:
creer que mañana será otro día.
Repetir, una vez más, la canción de su vida.
La canción que se reproduce en cada hoja, cada nube, cada persona a lo lejos, cada inerte pasado, cada vivo desasosiego.
El vértigo llena mi estómago, reniego de mi fijación,
reniego de estar sumergido en débiles tristezas,
voy en búsqueda de otros nombres… Dispuesto a enterrar pasado.
Gente nueva, agradar, obligarme a sonreír, obligarme a mirar a los ojos, obligarme a parecer interesado.
En la soledad de mi noche descubro que todos esos nuevos nombres, uno a uno, contienen alguna letra del suyo.
Me canso de evitar evitarme, del constante ruido, empiezo a correr lejos de aquí. Agota.
Cuando ya no queda más camino, y sólo mi sombra me acompaña, me echo a llorar, mi sombra también llora,
lloramos juntos.
En la sombra, en las cosas que no digo, en mi soledad, habita su recuerdo.

En algún momento de sinceridad, cuando mi debilidad deja de mentir, me atrevo a confesar que estoy celoso…
Celoso de las manos que desmaquillan su rostro,
del aire que besan sus pulmones,
celoso de las canciones que a sus oídos tienen acceso,
de cada tecla que pulsa sus dedos,
celoso de cada palabra que no escucho pronunciarle.
Y me hallo lleno de cólera, de que mi almohada no sepa abrazarme, consentirme, besar, escuchar, sonreír.
Tomar el control de nuevo, diálogos internos.
Frenar la inestabilidad, reprender el decaimiento.
Batallar contra el instinto, me digo:
«Basta, ya no más».
Modo defensa, en un resoplo desesperado repito:
“ya no más”.
A un parpadeo, debo replicarme:
“no más” de nuevo.
Mi extenuado simulacro debo calmar, necesito oxígeno,
necesito de su recuerdo:
“más”.
Fingir escasez de sentimientos.
Olvidar a mentiras, mentir para olvidar.
Besos sin su dueño. Emociones huérfanas.
No reconocer el espejo.
Simular que te crees tus propias mentiras:
creer que se puede huir con el amor a cuestas.

© Saliary Röman
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Amores míos, gracias por leer.
❤!
Tienes una peculiar magia para darme una oportunidad de volver a vivir eventos perdidos en pasados inexistentes.
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Si no los has vivido, cómo se podrían «volver a vivir».
En tal caso, sería vivir, por primer vez, como mucho.
¡Un saludo!
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No Finjas, no mientas, besa y no simules. Se fiel a ti misma porque solo a ti tienes que rendir cuentas.
Gracias
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wow!! no sabes lo identificada que me siento con este escrito, es el vivo retrato de lo que siento en este momento;no debo mas que agradecerte por escribir así realmente me ha llegado.
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Muchas gracias Diana.
Pues debemos estar sincronizadas en el tiempo. 😉
¡Un abrazo!
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Como toda adicción, se empieza por reconocerla para tratar de curarla y que mejor modo de hacerlo que con la catártica escritura. Precioso poema. Escrito con mucho gusto. Muy estético. Un saludo.
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Sí, lo primero es reconocerlo.
Luego actuar.
Gracias por tu crítica.
¡Un saludo!
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