¿Hasta dónde llegamos por el ego?

¿Hasta dónde llegamos por el ego?  

Hasta el infinito y más allá…. Y más allá aún.

Somos sin darnos cuenta, la combustión de ideas disfrazadas, que asumen las riendas de nuestras decisiones y nos esclavizan en seres que no pertenecen a nuestros verdaderos sentimientos. 

Somos prisioneros de nuestro ego, y es que, si lo piensas bien, no hay mejor escondite para nuestro enemigo, que ocultarse detrás de nuestros ojos. Creemos tener el poder, creemos ser consecuentes con nuestras ideas, con nuestras opiniones, cuando la verdad es, que existe una gran brecha entre lo que sentimos y lo que decidimos.

Por qué, por qué ha de ser así, si lo que realmente nos hace felices, es lo que nos hace palpitar dentro, lo que también está detrás de los ojos, pero es real.

¿Alguna vez –en esos momentos zen de la vida- has sentido que algo no está bien; que a pesar de tomar el camino correcto, de creerte un ser productivo, no estás satisfecho, no eres feliz?

¿Qué pasa por tu cabeza cuando no te sientes a gusto contigo mismo? ¿Qué sucede cuando no estas satisfecho con los resultados? ¿Qué pasa cuando obtienes lo que más deseas y tu mirada gira en toda dirección buscando la felicidad, y no la encuentra? ¿Por qué si diariamente somos la misma persona, el huracán de las inseguridades invade nuestras vidas? ¿Acaso no hacemos lo que bien podemos a diario?

Estaba buscando el sueño, dentro de la profundidad de mi manta, pensando en las cosas que debía hacer para el día siguiente, y respiré profundamente, cuando calculé que lo que ocuparía la mayor parte de mi tiempo era algo que no disfrutaba, pero que tenía que hacer.

He aquí las divagaciones de un ser soñoliento: el “tener que” -me dije- aparece siempre que algo no me gusta. Tener que hacer ciertas cosas para obtener unos objetivos… Lo que me disipó el sueño y me hizo abrir los ojos como luna llena, “tener que” me llevó a “obtener”, y el obtener objetivos me señalo a mí.

¿Objetivos para mí? ¿De algo que no me gusta? Curioso, ¿verdad? Sí, reí, reí de nervios.

Reí de nervios al descubrir que estaba cultivando algo -gastando la mayoría de mi tiempo- para obtener objetivos que me cargarán de más tareas, de algo que no disfruto, que no me hace feliz. Y que en el futuro eclipsará mis días. Increíble, ¿no?  A estas alturas yo ya estaba sentada en la cama con las manos abarcando mi rostro, para cerciorarme de que no era una paranoica pesadilla.

Illustration by Aimée Morales
Illustration by © Aimée Morales

Y nació la pregunta: ¿Quién, qué, cómo, por qué, cuándo tomé estas decisiones? ¿Por qué querría yo buscar bienestar en las altas murallas del no placer? A tal dimensión de hacerlo partícipe en mi vida como un gran objetivo y buen plan de “felicidad” para mi futuro.

Y EL JUEGO ES ÉSTE: ¿En qué piensa el humano cuando toma decisiones importantes, que no les hace felices? Me refiero a, a quién satisfacemos cuando en realidad escogemos algo que no nos gusta pero que lo creemos correcto. Y lo correcto, es correcto para quién.

Mi cabeza empezó a barajar respuestas fuera de mí, culpando, juzgando, justificando y divagando las miles, miles de razones que me han traído hasta aquí. Di un largo recorrido por todos los personajes de mi vida, por todas las experiencias vividas y por todas las lágrimas que ya son parte de la cosecha.

Miedo es cuando sientes escalofríos, la boca se entreabre, el cuerpo se paraliza y todos tus órganos se centran en un solo punto, una única respuesta. Tanto miedo sentí, que cerré los ojos para ver palpitar mi corazón con más claridad. La respuesta es el ego. No piensas fehacientemente, el ego piensa por ti. El mismo ego que no está oculto dentro de mí, no. Él se abrió paso en mis decisiones y me atrapó tras él. El controlador ego es la carroña que se apoderó de mi cuerpo, se comporta como aliado, y traiciona mi buena fe a cada respiro. El ego te ciega, te autojustifica, te hace elegir precipitadamente, disfraza los sentimientos, las personas, la vida. Se apodera de tu tiempo, haciéndote creer que ya habrá tiempo para cosas mejores en el futuro, pero ojo, en el futuro él seguirá al mando, para obligarte a mantener el círculo vicioso que con esfuerzo has cultivado.

El mismo que me llena de soberbia, de agrios actos y cólera. El mismo que me incita a comprar objetos que no necesito. Me lanza en búsqueda de información sobre eventos que acaban de ocurrir; postear una chorrada de conclusiones en las redes sociales, y me hace creer más culta por hacerlo. El mismo que me hace juzgar a las personas que no conozco, provocando en mí, actitudes violentas, y luego me hace sentir ofendida porque los demás  responden de la misma manera. Él me incentiva a hacer cosas, sólo buscando reconocimiento. El mismo que me hace quejar de determinados asuntos, día tras día, y me nubla para que yo no haga nada por cambiarlo, y así poder seguir culpando a algo o alguien, fuera de mí. El que algunas veces me eleva haciéndome creer mejor que otros. Y el que muchas veces me hunde, hasta abrazar la tristeza, haciéndome sentir un ser incomprendido. Juega con mi autoestima, con mis verdaderas necesidades, con todo lo que habita en mí.  Juzga, siempre está juzgando, nunca sintiendo, nunca palpitando, nunca amando. 

Vienen a mi mente muchos ejemplos: Como cuando decidí optar por una carrera y no otra. O cuando me miro desnuda al espejo, y busco algún detalle en mi cuerpo para poder decir “no me gusta”. O el día que elegí dejar marchar a la persona que amaba, los por qué, no son ni por asomo, lo que siento. Y así muchos más, hasta el infinito y más allá. Soy tal marioneta, que hasta para comprar el pan de cada día decide él. Y en realidad, a mí el pan, ni me gusta.

¡DUELE, HOLA MUNDO, SÍ, DUELE!

Las autojustificaciones son un verdadero veneno.

No será fácil salir de aquí. Por el momento empezaré con uno de los defectos que más me molesta, el juzgar. El no dejar que las personas se muestren como son, sino que hago ideas anticipadas de lo que podrían ser, y las uso para sacar mis propias conclusiones ciegas. Respirar y meditar, si en realidad juzgar a los demás, me lleva a algún lugar que me haga sentir satisfecho.

Hay que hacer tantos cambios aquí, que atemoriza. Hay que transformar hasta el infinito y más allá, y más allá aún. Sacar a esto que no es parte de mí, crea vértigo. Y el cómo, es aún un camino por descubrir.

  © Saliary Röman

__________________________________________________
Habrán versos la próxima ocasión.
¡Muchas gracias por estar aquí, conmigo!
❤!

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50 thoughts on “¿Hasta dónde llegamos por el ego?

  1. Waking up dice:

    Nuestro pequeño reino rodeado por un enorme muro, que débiles e inseguros nos sentimos cuando es derribado. Si abro la puerta y salgo de mi pequeña fortaleza, caminaré muerto de miedo, inseguro y sintiéndome débil al principio. Con el tiempo, encontraré mi verdadero centro, mmi verdadera fuerza, mi ser verdadero… Bueno, eso espero! 😉

    1. Saliary Röman dice:

      Pues estoy, es mi último año de Ingeniería. Voy a poner fin a ésta etapa. Y luego, pienso hacer máster en algo que de verdad me gusta, relacionado con la psicología, antropología, sociología, filosofía… Aún no está decidida la especialización; pero sí que será por esa rama, lejos de lo que hoy estudio.

      Gracias por preguntar.
      ¡Un saludo!

  2. Ana Maria dice:

    Hey. Muy chevere el articulo y todo pero recuerda que este tipo de imagenes tienen derechos de autor. Este dibujo es de mi aniga ilustradora Aimee Morales. Seria chevere que pudieras editar tu nota y darle las gracias.

    1. Saliary Röman dice:

      Hay momentos en que la inspiración se te escapa, tienes muchas cosas por decir, pero no encuentras la salida.

      Tu ilustración me ayudó a desarrollar el texto, a encontrar la puerta, gracias a ti.

      Una grata sorpresa tenerte por aquí.
      ¡Bienvenida!

  3. Elisabeth M. Prieto dice:

    Leer esta entrada ha sido como encontrar a la voz de mi interior que trata de aclarar mis pensamientos pero que el ruido del exterior me impide escuchar con claridad.
    Ahora me toca reflexionar, que tus palabras dan para mucho.

  4. nelida© dice:

    Tal vez, y digo tal vez, porque a cada uno nos lleva su tiempo y su proceso; cuando logremos transitar entre el sentir, el pensar y el actuar, todos los deber ser o tener que, se transformen en actos simples, maravillosos. Eduardo Galeano hablaba de transformarnos en seres sentipensantes; me encanta, porque significa tender un puente entre el corazón y el cerebro y cuando hay puentes, hay posibilidad de tránsito, de camino, de recorrido, si?
    Has dicho lo que muchos pensamos y me gusta mucho como lo decís.
    Abrazo 🙂

  5. Borgeano dice:

    Estupendo texto, con el cual estoy en un todo de acuerdo. En mi caso particular puedo decir que cuesta trabajo tomar la decisión de dejar el ego a un lado; pero una vez hecho esto lo demás es sumamente sencillo. Hace muchos años aprendí a no juzgar (paso importante si los hay, bien lo destacas en tu entrada); eso me permitió, de un momento a otro, liberarme de un sinfín de ataduras. El segundo paso fue dejar de pensar materialmente (incluso en mi blog publiqué, hace ya más de dos años, una entrada al respecto titulada “Despojarse de todo”); y el tercer paso fue el de dejar definitivamente todo atrás y decidirme por aquello que me causara placer y enriqueciera mi vida. Renuncié a mi trabajo y comencé a viajar y a escribir. Sin duda, es más sencillo decirlo que hacerlo pero tampoco es algo imposible, sólo hay que atreverse a tomar la decisión que creamos correcta (sea cual fuere según nuestras necesidades) y mantenerla, más temprano que tarde comienza a dar frutos, y de los buenos. Hace casi un año que estoy girando por latinoamérica y si bien hubo algún que otro momento difícil, en general todo marcha de maravillas. ¿Lo mejor de todo? Sentirme vivo, pleno, feliz. nada más y nada menos.

    Un abrazo.

  6. merolico aventuras dice:

    Será que ese maldito ego nos toma el pelo y nos hace pensar que podemos arrinconarlo? Yo soy de los que celebra el ego pues me impulsa más de lo que me estanca y se ha vuelto un jugador interno con quien pelear todos los días pero que hace fácil descifrar cuándo te aleja, cuando te nubla o cuando te ahoga. Para mi ser lo que soy en gran parte es gracias al ego y no ser lo que puedo ser también es gracias a eso, por eso a mi gusto convivir e identificarlo resuelve muchos momentos de angustia y suma más momentos de felicidad que jamás serán constantes o eternos.

  7. jansopina dice:

    yo trato de convivir con el, hacerlo mi amigo y cuando intenta pasarse le digo, ” tranquilo amigo mio, no olvides que tu padre es el SER, de donde vienes”…. es como el caso del Mr hyde que todos llevamos dentro; hay que convivir con el.
    SLDS!

    1. Saliary Röman dice:

      El mayor obstáculo del ego, no es tenerlo, la mayoría tenemos una copia exacta de nosotros mismos en versión ego.
      El verdadero problema es no ser cocientes de hasta dónde nos afecta, y cómo nos desvía de lo que realmente pide nuestros deseos.
      Es difícil aceptar que se necesita “mejorar”, cuando el ego es nuestra única defensa ante el ego mayor llamado “sociedad” (que de sociable, nada).

      Esto es como entrenarse para una maratón, hay que hacerlo poco a poco, con constancia y la mente en la meta.
      ¡Un saludo!

  8. Aletheiae dice:

    ¡Que valiente eres Saliary! Te comento poco, pero te leo todo lo que puedo y más, y me encanta la fuerza que tienes a la hora de expresar lo que sientes. Se que no nos conocemos, pero en momentos así te siento como una amiga.

    El ego es un demonio hambriento, siempre en busca de lo peor de nosotros mismos, para satisfacerse y convertirnos en lo que no queremos ser. Muchas veces preferimos cerrar puertas, tachar sueños e incluso olvidarnos a nosotros mismos -como somos realmente-, con tal de seguir siendo “lo mejor”. Y no, eso no nos hará felices ni tampoco nos ayudará en nada, solo nos llevará por un camino cada vez más negro.

    Yo también estoy metida en ese círculo a mi manera, luchando por quitarme lastres, expectativas propias que solo sirven para alimentarlo más y dejar de cumplir las ajenas por “quedar mejor que nadie”. No hay que quedar bien, ni ser el mejor, ni tampoco dejarse merendar por ninguna expectativa. Somos quienes somos y por ello hay que luchar, sin ego, solo con ganas e ilusión. Pero no siempre es fácil.

    Eso si, yo estoy contigo. Mejor en batalla que esperando que la vida pase.

    Un fuerte abrazo 🙂

    1. Saliary Röman dice:

      Correcto, siempre en batalla con buena vibra.

      Muchas gracias por tu palabras y por tu constancia con estas letras.
      Me siento agradecida de que personas con inquietudes como tú, den vida a este blog.
      Son los escritos vivos gracias a vosotros.

      ¡Un abrazo fuerte!

  9. michaelveravillanueva dice:

    me quedan mis dudas, pero felicitaciones por estos pensamientos y por compartirlos…. me daba vuelta este tema en la ultima historia, no particularmente ego como causante pero si el comportarnos como los demás esperan y no como nosotros de verdad queremos 🙂 un abrazo desde Chile

    1. Saliary Röman dice:

      Gracias por comentar Michael.

      Lo que afecta el ego en ese caso en particular, es que en realidad nos comportamos a satisfacción de otros, no queriendo quedar atrás. Optamos por caminos que se consideran correctos, pero que al llegar a la meta, no hay plecer, no estamos satisfechos, no somos felices.

      ¡Un abrazo!

  10. Migueealejandro dice:

    Me desvela y duele el hecho de que me sienta tan identificado con tu relato.

    Vivo parcialmente convencido de que las buenas y correctas acciones que tomé ayer y me atormentan hoy, mañana me matarán.

    Tienes un nuevo lector.

    1. Saliary Röman dice:

      Muchas gracias por embarcarte en este blog.

      Hay muchas cosas que duelen y no hacemos nada para cambiarlo, a pesar de ser mal de muchos.

      Por algún lugar hay que empezar, y creo que tomando conciencia de que está ahí y nos vigila, es un buen inicio.

      ¡Un abrazo!

  11. rahoz dice:

    Reblogueó esto en Livin' Polandy comentado:

    Hay veces que aunque se ande rumiando una idea no toma la forma y claridad suficiente como para poder plasmarla en palabras o poder pintarla con sus verdaderos colores. En ese proceso, a veces alguien anda mirando exactamente lo mismo y por lo que sea un momento de inpiración desbloquea todas esas ideas que andaban ahí en ciernes pero no terminaban de arrancar y cobrar su sentido.

    Aquí ha intervenido la casualidad y la Señorita Saliary con estas ideas hacia el ego. No le pierdo de vista, pero no lo acababa de relacionar con esa fea costumbre de jugar y precipitarse en general sin dejar ser.

    En la parte de ver dos realidades enfrentadas, lo que se siente y lo que se acaba haciendo por ser lo correcto o lo que se espera, ahí sí que andaba yo. Pensando en por qué lo que nos da vida de verdad, lo que nos hace vibrar, muere “porque así tiene que ser” a lo tragedia griega, a lo Bernarda Alba, de esa forma en que lo natural y legítimo claudica ante la ley del hombre, de la sociedad, de la familia y el “como deben ser las cosas”.

    Las cosas son como son y se siente como se sienten. Yo diría que muchos no nos atrevemos o no nos hemos atrevido a ser felices, a equivocarnos en el intento, pero ser felices mientras lo intentamos, mientras soñamos que se puede. Diría que lo más grande de nosotros nace o se desarrolla en esos momentos o periodos. Sólo falta que ese dichoso ego que tanta guerra de sepa valer para algo al menos y si alguno de estos intentos falla sepa ser salvavidas y recordarnos que sí que lo valemos y que nos queda mucha guerra que dar. Ahí tiene su función, la de levantarnos para seguir probando, pero en vez de eso nos hace pensar que si probamos nos podemos volver a hacer daño y nos mete en un bunquer mental. Ahí si que no vamos a encontrar nada más que a nosotros mismos y a nuestas desgracias en las que poder regodearnos y autocompadecernos.

    Gracias por el empujoncito a estas ideas que no terminaban de florecer en mí.

    1. Saliary Röman dice:

      Gracias por darle vida y comentar.

      En algo no estoy muy de acuerdo, dudo que el ego sea la herramienta que te ayuda a levantar de una caída. He ahí el veneno cuando nos superamos llevados por el ego: nunca estamos satisfechos, no somos felices.

      Creo que el ego, y sus primos hermanos, son un tema que daría mucho de qué hablar aquí.

      Gracias una vez más por estar aquí.
      ¡Un abrazo!

      1. rahoz dice:

        Sí, no es que sea la fuerza que nos levanta, pero si va a estar ahí, en vez de andar boicoteando, que nos suba la moran en esas ocasiones en las que caemos para que nunca nos quedemos en el suelo. Una vez hecho esto, acaba su cometido.

        Digamos que le buscaba otra ocupación más constructiva al inevitable ego que lo aleje de nuestros verdaderos anhelos.

  12. wenceslakovitz dice:

    Por ego compongo esas cosillas que se traspapelaron en cualquier vida anterior. Y lo reciclo, y sé que leías acerca de mi batalla personal contra el ruido irregular e insoportable de la estructura del techo de mi habitación. Tengo vacaciones, puedo molestarte.

  13. sientopiensohagoysoy dice:

    ese ego que nos separa de lo que realmente somos, sí sí… Pues pienso que todos deberíamos de confesar como lo haces que realmente en muchas ocasiones o la mayoría del tiempo somos títeres del ego al que le abrimos las puertas cuando nos acostumbramos a todo aquello que no nos satisface y a todo lo que “tenemos qué hacer”, por dejarnos condicionar por lo que otros dijeron que era lo “correcto”… Pues empecemos como dices, pero empecemos ya. Que bellas palabras y reflexiones las tuyas, un saludo

Cuéntame, qué te trae por aquí.

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