Impersonal

La decepción te enfrenta a la incertidumbre, caen del pedestal las ilusiones. Surgen explosiones de emociones encontradas, buscas en abismos de recuerdos el punto de inflexión.

Las decepción es reveladora, pone en juego tu gestión de emociones. Te pone a ti, a bailar entre tus impulsos y tus valores.

Cuesta entender la poca responsabilidad afectiva que mueve la comunicación actual. ¿Por qué estamos tan enfadados?
¿A quién le hemos permitido herirnos tanto como para haber perdido las ganas de amar nuestro alrededor?

Buscamos en redes sociales un círculo de aprobación. Enmascaramos nuestras depresiones en comidas, carga de trabajo, alcohol. Todos ya hemos pasado por ese desfile burlesque de escape. No funciona, claro que no. Entonces procedemos a echar lo negro debajo de la alfombra, buscando realizar actividades nuevas, viajando, quemando apps, más tiempo en el gym, zapping hasta el agotamiento, pretendiendo evadir el eco interior. No funciona, claro que no.

Sí, la vida se encarga por sí sola de regresarnos a la misma situación, en realidades diferentes, con otros protagonistas, el mismo cansado tú. Entonces vienen las decepciones, después de algunos aprendizajes llega el día en que debes decidir tomar las riendas de tu realidad, gestionar el volcán de emociones, aprender a verbalizar lo que sientes, o arrastras toda la basura a los siguientes pasos, hasta las siguientes experiencias, el siguiente rostro. Te atascas sujeto al ego recorriendo mundos, eligiendo caminos.

Se presenta como una revelación el hecho que no puedes amar a nadie más allá de lo que te amas a ti mismo. La capacidad de amar está limitada por el amor que tienes la valentía de entregarte a ti mismo. No hay duda al respecto, cuando crees que amas a otro ser más que a ti mismo, no es amor hacia el otro, es egoísmo, miedo a la pérdida, miedo a la soledad, red flags.

Al final, no importa hasta dónde has logrado llegar, ni cuantos países has pisado, siempre terminas en la misma conclusión, no puedes escapar de ti. Lo único que te permitirá disfrutar de la vida es un amor propio bien cosechado.

Perdonarte, mimarte, trabajar sobre tu desarrollo personal, hace magia. Todo sabe mejor cuando posees una autoestima bien nutrida. Las experiencias son más potentes, el sexo no tiene límites y no necesitas vacaciones para escapar de las decisiones que has tomado. Dejas de juzgar el exterior, y amas. Pues observas tus propios temores como incentivos a vencer, disfrutas del camino. Descubres un mundo nuevo.

Seamos curiosos, seamos valientes. Más amor propio, más responsabilidad afectiva, más vida real.
Descubramos sentimientos nuevos. Yo invito.

  © Saliary Röman


❤!

4 Comentarios

  1. Es tan simple vivir en plenitud; en paz y armonía. Solo hace falta controlar la mente y no dejar que te lleve donde ella quiere. No vivir del pasado que es inmodificable, y ello no pretender decir que la memoria larga no traiga consigo recuerdos agradables y de los otros, pero dejalos fluir. Lo mismo con el futuro que es un deseo y por lo tanto -no me canso de repetirlo- una ilusión. Vivir el presente contemplando cada día como una nueva vida y por ende una nueva oportunidad de crecer espiritualmente. Desnudos nacemos, desnudos nos vamos. Lo frenético de la vida actual, es el consumismo que degrada y transforma al ser humano en un títere al servicio de otros. Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. Un cordial saludo.

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