Vidas pasajeras

Explicarte cómo me siento, solo extendería el discurso.
Mejor hablemos de qué tal ha ido el día, qué tan cansado estás y cuántas cosas ocupan el hoy.

Hablemos por ejemplo de qué haremos en algún fin de semana muy lejano.
Qué nueva personalidad retomaremos cuando estemos ebrios,
y hasta qué horas aspiramos sobrevivir.

Disimulemos que el estrés no te duele. Miremos hacia el otro lado, donde el sol parece brillar.

Dialoguemos, sí. De cualquier tema que no confronte nuestro hilillo débil de amistad.
Charlemos mejor de lo que te encanta a ti, porque si hablamos de lo que me apasiona, veré tu entrecejo quebrar.

Toma mi silencio como agrado, el no responder, es mi acto más sagrado de respeto.
No seré yo quien desafine tu monólogo.
No seré yo quien te haga pensar.

Miro mi taza de reojo, es el café más largo de mi vida.
Espero verte pronto, sí. Pero muy ebria, para así sincronizar nuestras sonrisas.

  © Saliary Röman


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